De hecho, en distintas partes de centro y suramérica, es conocido como ciprés mexicano entre otros nombres, por ser originario de allí.
Morfológicamente, es un árbol perennifolio de gran altura, que suele vivir entre 40 y 60 años, en grandes bosques americanos. Para alcanzar esta altura suele necesitar más de 30 años, siendo normal comprar el cedro blanco en viveros donde tienen una altura de entre 30 y 50 cm (alrededor de 5 meses de vida)
La estructura es piramidal, como la de muchos cipreses y pinos, pero con la salvedad de que posee un crecimiento rápido.
En general, los cipreses suelen ser de desarrollo muy lento y viven muchísimos años (más de 100, por lo general). Todo lo contrario al cedro blanco.
El nombre de cedro blanco no se debe al color de sus hojas, ya que poseen la común coloración verdosa oscura de la familia de las cupresáceas.
El cedro blanco necesita un suelo profundo donde desarrollar su portentoso crecimiento radicular.
Es importante cuidar muy bien el drenaje, ya que son especies sensibles a Phytopthora, que puede llegar a acabar con especies adultas en situaciones de encharcamiento o asfixia radicular.
Los suelos pesados y poco fértiles suelen reducir de forma importante el desarrollo del cedro blanco, adquiriendo alturas más bajas (no llegando a los 20 metros).
Es resistente a la sequía y necesita, en general, poca agua. Nada en invierno (sólo la lluvia) y 1 o 2 riegos semanales en verano.
A la hora de plantar el cedro blanco, necesitamos buscar una zona alejada de la sombra de palmeras u otras especies de mayor tamaño.
Debemos evitar zonas de vientos importantes, como en la costa, donde también le influirán negativamente las condiciones de salinidad.
Para germinar sus semillas, deben ser estratificadas a temperatura entre 1 y 5 ºC durante 4 semanas, previo a su desarrollo. Este proceso se debe realizar en la primavera. El porcentaje de germinación de las semillas de cedro blanco es bajo, alrededor del 15-20%

