El principal uso del ciprés arizónico es como árbol ornamental, pero su madera es posible aprovecharla en ciertas obras de carpintería y como combustible.
Se trata de una especie de hoja perenne, no muy alto y que desarrolla una copa poco ancha que tiene forma cónica que bien cuidada se verá espectacular. El tronco es relativamente grueso con una corteza que lo recubre de color entre pardo y rojizo. La contextura es lisa, aunque se desprende algunas veces.
Las hojas son de color verde grisáceo aunque algunas también podrían notarse verde azuladas. Las flores aparecen durante la primavera y son de color amarillo, aunque son tan pequeñas que apenas causan impacto.
Los frutos son piñas, como suele ocurrir en plantas de este tipo, tienen forma esférica y no presentan un color definido. Es un árbol longevo que cómodamente puede vivir por más de 100 años cuando las condiciones del entorno le son favorables.
El riego forma parte de sus cuidados indispensables cuando el árbol está en fase de crecimiento, por lo que hay que proveerle la cantidad correcta de agua. Esto implica la planificación de riegos a razón de 2 semanales en verano, por lo menos en los dos primeros años de vida. En invierno puede ser 1 al mes.
Después que esté establecido y que su sistema radicular sea capaz de expandirse para encontrar humedad en el suelo, los riegos se vuelven innecesarios. Solo habrá necesidad de reactivarlos en caso de que el verano esté con una sequía muy fuerte.
Se cultiva en primavera cuando el método de multiplicación es por semillas. También en otoño si los inviernos son suaves. Si se van a usar estacas, es necesario iniciar el proceso en invierno para tener éxito.
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