El árbol (pitanguero) se encuentra generalmente en montes ribereños y en quebradas en forma silvestre, aunque también se lo cultiva en jardines y patios interiores con fin ornamental.
Tiene un follaje persistente o semicaduco, con hojas de color verde que a veces presenta coloraciones rojizas a violáceas en el invierno y tonalidades purpúreas más o menos pronunciadas con los brotes nuevos. Su altura en el monte nativo puede llegar a 7 - 8 m.
Las flores son blancas y frágiles, con largos pedúnculos. La floración es abundante y muy atractiva para las abejas; ocurre en primavera aunque algunas variedades tienen una segunda floración en verano. En estos casos hay una doble cosecha.
Las frutas son pequeñas y pueden ser de varios colores: anaranjados, rojos, violetas y casi negros, con “costillas” o gajos, de sabor dulzón, con presencia de taninos y jugo con pigmentos que tiñen. Contiene 1 o 2 semillas grandes. Se consumen frescas o procesadas, obteniéndose muy ricos jugos, helados, salsas y licores. La piel es muy fina y por ello la fruta debe ser tratada con mucho cuidado para que no se lastime. Está pronta para cosechar cuando ha desarrollado su color y se desprende al tocarla suavemente. Se puede comer directamente del árbol.
La multiplicación de la pitanga se realiza fundamentalmente por semillas. En un inicio tiene un crecimiento lento y necesita algo de sombra.
También se puede estaquillar o utilizar raigones, si se desean plantas idénticas.
Es un árbol que no requiere mucho cuidado.
